EL Reclamo ¿tú, o tu niño interno demandando?

Muchas veces sin querer, sin pensar hacemos cosas y no nos damos cuenta porqué; muchas veces nos llenamos de tristezas, nos ponemos malcriados,  sentimos miedo y hasta muchas veces necesidad de cariño; Es importante que hagamos consciente de alguien muy importante que a menudo solemos olvidar, y es a  nuestro niño interior, él o ella existe, está dentro de nosotros y forma una parte importante de tu vida.

Eric Berne, creó un modelo de psicología que estudia la personalidad y las relaciones interpersonales, el Análisis Transaccional, en el individuo tiene tres sub­personalidades, que llamó estados del yo: el yo Padre, el yo Adulto y el yo Niño. El estado del Yo Niño guarda todas las experiencias que cada uno hemos vivido en nuestra infancia. niño interno mirandoEs ese niño que tú fuiste, con todo lo que viviste, ya sea que te acuerdes o no, ya que inconscientemente él se encuentra intacto. Si sufriste abandono y tuviste tristeza, esa tristeza está en él, a no ser que lo sanes, que puedas sacar fuera, gritar y reclamar a quien le corresponda y luego quedar libre de esa demanda. Si tuviste alegrías, esas alegrías siguen allí; si constantemente pensaste que no te querían, que tenías que hacer un esfuerzo para que te quisieran, ese tipo de pensamiento sigue allí, a menos que hagas algo para cambiarlo. Ese estado del Niño corresponde a las necesidades físicas y fisiológicas, a las emociones, a la creatividad e intuición. Con todo lo que he aprendido, es a ese estado del Yo Niño  al que llamamos niño interior.

Ahora bien, en este artículo más que hablar del niño interior, vine a escribirles acerca del reclamo a la pareja, uno de los motivos de consulta más comunes que llegan a mis sesiones de consejería. Desde mi experiencia personal, la mayoría de las veces cuando a una persona en un conflicto de pareja le surge un reclamo, está reclamando a su pareja algo que su niño interior necesitaba reclamar o hablar con alguno de sus padres; es una dinámica inconsciente que aparece sin darse cuenta, en la que  el niño herido o vengativo o asustado toma el control, y empieza a demandar cosas que en algunos casos son muy pesadas para la pareja, por lo cual es necesario para que la pareja pueda quedarse, que quien reclama realice un trabajo interno para que sea él mismo quien se encargue de su propio niño interior que potencie el uso de su sentido de la audición y se escuche el reclamo y aprenda a distinguir si es una demanda que un hijo le haría a un padre, para que entonces pueda darse cuenta de quién es que está al frente de la situación el Yo Niño o el Yo Adulto, pero todo esto no tiene sentido sin hacer consciente que lo que nuestros padres nos dieron de niño – material y afectivamente – era lo único que podían darnos y es eso lo que debe prevalecer para nosotros, como dice la maestra Angélica Olvera: “lo que no nos dieron nuestros padre, nunca existió” así que debemos empezar a sanarlo. Lo que sana a ese niño es el amor; lo que necesita ese niño es amor. El amor a sí mismo: autoestima. Cuando sanas a tu niño y lo ayudas a asentir la historia que le toco, te llenas de amor, paz, entusiasmo, energía y creatividad y sobre todo de confianza, ya que a tu niño ahora le puedes decir “yo que ahora soy adulto te acompaño, te cuido, te doy lo que te falte, ya nunca más estarás solo”. Con esa frase es cuando realmente te colocas en el Yo Adulto, ese que razona con lógica, decide y actúa según lo que más conviene.

Existen muchas formas  de contactar y sanar a tu niño interno. La visualización guiada, la meditación, la oración desde el corazón ayuda, en algunos casos cuando las heridas del niño son muy fuertes  pues se requiere de la ayuda de un especialista en psicoterapia, o alguna otra terapias holísticas que trabaje este tema. Para ti que me estás leyendo te dejo un ejercicio de visualización que puedes hacer cuando quieras.

Comienza por buscar un lugar donde puedas estar cómodo y asegúrate de que no vayas a ser interrumpido. Intenta relajarte poniendo la atención  a tu cuerpo, luego a la forma en que respiras. Una vez que te sientas relajado, toma un cuaderno y un lápiz y empieza a preguntarte: tu Yo Adulto escribe la pregunta con tu mano derecha y tu Yo Niño respondiendo con la izquierda (al contrario para los zurdos). No escatimes en preguntarle, y si te cuesta escribir con la otra mano no te preocupes, hazlo despacio el niño va así, despacio, te sorprenderás de las respuestas que ese niño interno propio te regala. Luego, cierras los ojos, respiras profundo y te comienzas a imaginar que a ti cuando eras un niño o una niña, obsérvalo, siéntelo, ponte a su altura y míralo a los ojos. Pregúntale qué necesita. Dale un abrazo y dale amor. Quédate ahí abrazado hasta que puedas sentir el amor. Siente que  los dos se funden en un solo ser, lleno de amor y repítele decir “Yo te acompaño, te cuido, te doy lo que te falte y  nunca más estarás solo”.  Si deseas contactar a tu niño interior en una sesión privada conmigo puedes contactarme aquí:

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