La era de la neuroespiritualidad

Definiendo Neuroespiritualidad

La era del cerebro, la era espiritual, estos son algunos de los términos con los que comúnmente escuchamos hablar sobre todo el desarrollo investigativo en esta área del saber humano de la que antes poco se hablaba. Hasta  finales del siglo pasado, era muy poca la información que se tenía sobre el cerebro y mucho menos aun sobre la espiritualidad, ya que desde siglos atrás el termino solo era confinado como un sinónimo de la religión, algo enteramente alejado de la realidad.

Cuando hablamos de  neuroespiritualidad lo que se intenta dar a explicar con el término es que nuestro cerebro genera experiencias que se han denominado espirituales, religiosas, divinas y trascendentales. Estas se producen cuando se hiperactivan estructuras cerebrales pertenecientes al sistema límbico o cerebro emocional.

Es el cerebro donde se origina la espiritualidad, no significa que en nuestro cerebro se estén produciendo constantemente episodios para la búsqueda de algún Dios en alguna religión, sino que como humanos, tenemos capacidades superiores del cerebro que apenas en esta época se comienzan a desarrollar en masa; Cada vez existen más personas que puedes experimentar especial conexión con la energía divina, esa que logra que tu corazón pueda palpitar,  que tus pulmones puedan enviar oxígeno al torrente sanguíneo, y que tu cerebro pueda sentir lo mismo que otra persona aunque no estén cerca. Hoy día ha sido ampliamente estudiado el hecho de que las estructuras límbicas, cuando se activan, ya sea por estimulación eléctrica o por estimulación magnética transcraneal, son capaces de producir estas experiencias espirituales.

Espiritualidad es un concepto más amplio que religión, ya que no existe religión sin espiritualidad, pero sí espiritualidad sin religión

El hecho de que ciertas estructuras cerebrales puedan producir el fenómeno de la espiritualidad nos dice que tenemos una tendencia innata a ella, puesto que es en la Espiritualidad sobre la que se construye todo el edificio de las religiones, pero el concepto va mucho más allá. Espiritualidad es un concepto más amplio que religión, ya que no existe religión sin espiritualidad, pero sí espiritualidad sin religión, como es el caso del budismo, del jainismo o del taoísmo.

El sistema de creencias como base de la espiritualidad.

Hoy día podemos concluir que como seres humanos tenemos una tendencia innata a la espiritualidad generada por estructuras cerebrales, pero no una tendencia innata a la religión, como algunos autores sostienen, porque la religión es una construcción social que consta de múltiples factores, esto confirma la idea ya revisada que en la espiritualidad intervienen fuertemente, el sistema de creencias que la persona tiene, su conexión con algo que está por encima de él, que lo rige y guía hacia un bien mayor, por lo tanto la espiritualidad nos conecta con lo sublime de nuestro ser, con nuestro espíritu.

El espíritu, o “spiritus” (raíz etimológica latina de la palabra espiritualidad) es el aliento de vida, por lo tanto cuando nos referimos a espiritualidad, nos referimos a cualquier experiencia no material que nos pudiera conectar con la vida.

Experimentos recientes realizados en Canadá han mostrado que la estimulación magnética transcraneal de las estructuras límbicas del lóbulo temporal puede producir en sujetos sanos experiencias en la que aseveran la presencia de otros seres, experiencias espirituales y otras  religiosas, en las que los sujetos dicen encontrarse con seres espirituales, pero siempre de su propia religión, nunca de otras religiones confirmando que la espiritualidad si bien va más allá de lo que racional y conductualmente experimentamos diariamente, no escapa de nuestras creencias, de nuestras memorias ancestrales transmitidas a través de nuestro ADN, explicando así que la experiencia espiritual, solo nos conecta con nuestras creencias, con nuestra Fe.

Biologia cerebral de la Espiritualidad

Explicando un poco más sobre la Neuroespiritualidad, podríamos explicar que la espiritualidad estimula biológicamente nuestro cerebro para la producción de neurotransmisores liberadores de péptidos opioides como las Endorfinas (sistema límbico) que nos producen sensaciones de felicidad y bienestar. También  algunas prácticas espirituales como la meditación, las visualizaciones, alteran los niveles de conciencia, llevando al cerebro a ondas cerebrales de Trance, lo que nos conduce a tener experiencias espirituales.

Esto es explícito en las experiencias Chamánicas, en las que se puede también entrar en  estados alterados de conciencia a través del aislamiento sensorial, el ayuno, la meditación o a través de la ingesta de drogas enteógenas (drogas generadoras de Dios en nosotros).

Estas sustancias son alcaloides que se encuentran en hongos, plantas, lianas y arbustos, como la Amanita muscaria u hongo matamoscas, el peyote mejicano, el hongo psilocybe o la ayahuasca, las cuales reaccionan químicamente con receptores que se encuentran en gran número en las estructuras límbicas que ya conocemos produciendo su hiperactividad, y por consiguiente experimentándose experiencias espirituales.

Sea cual fuere la forma en que cada uno conecte con su espiritualidad, lo que intento a través de este artículo es integrar lo separado, las experiencias espirituales ahora descritas desde la mirada científica como neuroespiritualidad, nos integran como especie, nos coloca en un espacio donde somos una unidad, cada quien con experiencias únicas y personales para vivir su espiritualidad desde el paquete de creencias con el cual conecta con su fe, mas allá de ello, lo importante de todo esto, son los beneficios que obtenemos de ello, pudiendo traducirse en hallazgos como:

  1. Estar en comunión íntima con todo cuanto existe.
  2. Pérdida temporal del sentido del tiempo y del espacio.
  3. Sensaciones de alegría, bienaventuranza y paz.
  4. Sensación de estar en contacto con lo sagrado.
  5. Cambios positivos y persistentes en la conducta
  6. Desarrollo de la intuición profunda.
  7. Sensaciones de elevación y flotar en el aire.

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